ESPIONAJE
Emilia
Montes
Pensar cuál será tu siguiente paso:
Si entrarás al café para pedir un macchiato,
si eligirás el rincón de la esquina,
el de la fotografía de Hemmingway.
Saber que pedirás el diario, pero no para leerlo.
Observar que la estás esperando y
que llegará cinco minutos tarde,
apresurada, golpeteando el piso de madera
con sus tacones de aguja.
Esperar en silencio a que terminen el café,
depositen las monedas sobre la mesa,
le sostengas el grueso abrigo,
te amarres tu bufanda
y te calces el sombrero.
Detener el aire, mientras salen a la acera,
apenas iluminados por la aureola del farol a gas.
Entonces, meter mi mano en el bolso,
cerrarla sobre el mango,
apuntar desde la sombre cómplice y apretar el gatillo.
Escuchar el tenue silbido del disparo silenciado
y disolverme en la sombra del árbol,
dibujada sobre el muro de ladrillo.
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