Mis zapatos perdidos
Emilia
Montes
Perdí mis
zapatos viejos
y me
preguntan por qué.
Quizás porque
de tan gastados
dejaron de
ser parte de mí.
Con ellos
anduve por los oscuros pasillos
de la escuela
de mi adolescencia;
se les pegó
un poco de mi miedo
a los
animales disecados,
que tanto le
gustaban al profesor de biología.
Con ellos fui
a ese paseo en que mi padre,
accidentado
frente a mis ojos,
perdió su
capa de superhéroe.
Con el
tiempo, mis zapatos me llevaron
por senderos
brillantes
y por rutas
de oscura traición.
Pero no los
perdí por eso.
En verdad los
abandoné,
porque
dejaron de elevar mis pies hacia el sol,
porque se
volvieron pesados como el plomo,
porque
descalza podía sentir la tierra entre mis dedos,
porque no
entendían el vuelo de las gaviotas o del cóndor
y porque ya
no me apartaban de la senda de la cordura.
Pero ahora me
pregunto, con desazón,
hacia dónde
habrán escapado ellos.
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