Una
aventura de invierno en New York
Joan
Ruiz
Al
atravesar el abarrotado puente de Brooklyn
el
sky line de la ciudad de New York me deslumbra,
Manhattan
aplasta con sus moles de edificios y rascacielos.
Nieve
copiosamente, el frio es intenso,
me
sentí resfriado y el médico del servicio de urgencias
que
me atendió puso en mi ficha:
“White race, hispanic or latin spanish”
y
me pregunté qué tenía que ver la raza con mi resfrío.
Llego
callejeando hasta la plaza de Bryant Park,
patinadores
entusiastas
dan
vueltas en la pista de hielo,
multitudes
de todos los colores caminan nerviosamente,
turistas
japoneses toman fotos por doquier,
pasan
a mi lado gringas elegantes, coloridas y chillonas,
y
lunáticos que andan con pantalones cortos.
En
las veredas se estacionan carritos que ofrecen
comida
chatarra a 8 dólares la ración
(En el restaurante un menú cuesta 50 dólares más
el 20% de propina).
Pido
una ración de arroz con pollo
aderezado
con una salsa picante estilo hindú
y quedo en paz con mis tripas.
Pero
bad day, pierdo el celular no se dónde,
y
quedo incomunicado en la gran ciudad,
por
lo que pasé a mi plan B:
Tomo
un taxi hasta el MOMA,
allí
alguien me recogerá tarde o temprano,
por
lo menos allí estaré con calefacción.
Recorro
de arriba y abajo este Museo de Arte Moderno
me
detengo asombrado ante las latas “Campbell” de Andy Warhol,
pero
quede extasiado ante los cuadros de Jackson Pollock,
atravesados
por brochazos, rayas y manchas de pinturas,
como
si hubiera pintado el cuadro con ánimo orgiástico,
(yo
intenté hacer lo mismo en mi juventud)
y
me invade sensación de estar perdido
en medio de un laberinto sin salida.
Pido
un cortado en la cafetería
y
para empatar el tiempo
me
enrollo con una camarera del lugar en mi spanglish,
ella
me confiesa que es portorriqueña del Bronx.
Al
final soy rescatado de mi laberinto como el soldado Brian
y
termino el día en un club de Jazz.
Me impresiona como estos negros improvisan con
la trompeta
y
no paro de mirar a una bella mujer con aire intelectual,
¡cómo se
mueve esta mujer al ritmo de la música!
Por
fin pude llegar a mi hotel en Manhattan
donde
cobran unos precios como si te estuvieran asaltando,
(menos
mal que estamos en temporada baja)
y
cayendo rendido en la gran cama de mi cuarto
me fui a negro de inmediato sin sueños de
ninguna clase,
como
si estuviera muerto.
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