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viernes, 8 de mayo de 2026

 

El jardín florido de mi padre

                                                                       Sol Sol

El jardín que mi padre atendía con tanto esmero desapareció al año de su muerte; debe estar revolcándose en su tumba al ver que se perdió en menos que canta un gallo.

 

Las dalias, rosas, calas, lirios y tantas otras flores cuyos nombres ya ni recuerdo se desvanecieron por falta de las más mínimas atenciones. El pasto se secó por ausencia de riego y cuidado.

 

Quienes observaban nuestro jardín desde la calle expresaban admiración ante los hermosos colores que ofrecían sus flores. Yo, desde mi ventana, disfrutaba especialmente del verdor y del colorido, aunque era incapaz de consagrarme al cultivo y mantenimiento de tan bello esplendor.

 

Hoy añoro con pesar tanta belleza, que he intentado compensar con plantas más resistentes a los cuidados que puedo brindarles.

 

 

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