Flores
Alex Álvarez López
Al oír su nombre llamado al
estrado de la Excelentísima Corte Suprema en sesión solemne para recibir junto
a otros licenciados el ansiado título de abogado, un estremecimiento hizo presa
por un instante de cada una de sus fibras corporales. Tan memorable
circunstancia constituía un punto de inflexión en su joven vida, a partir del
cual vislumbraba un auspicioso futuro en el campo de las leyes, viniendo a concretar
una larga aspiración de años.
No pasaría inadvertido el
hecho de que, a excepción de los muchos partícipes de tan solemne ceremonia, se
hiciera presente en solitario sin contar con la presencia de algunos de sus
parientes más cercanos, lo que justificaría entre sus próximos por el advenimiento
de una circunstancia de fuerza mayor.
Reconocido como alumno
brillante durante toda su carrera, poseía además ciertos atributos que le habían
otorgado cierta popularidad contando con una alta consideración entre sus
compañeros: sus dotes de futbolista avezado, su porte y guapeza física,
especialmente reconocida y admirada por las jóvenes, y una cuota de simpatía no
exenta de cierto aire de distante superioridad.
Participaba con entusiasmo de
cuanta actividad social, deportiva o cultural se desarrollaba en el ámbito de
su escuela de derecho, como, también, manifestaba un claro interés por los
avatares políticos en que se desenvolvía en esos tiempos la actividad
universitaria, con una clara tendencia hacia los valores que enarbolaban los
sectores más conservadores.
No obstante esas
características que denotaban transparencia, atesoraba con celo manifiesto toda
información concerniente a su intimidad personal y familiar, lo que generaba un
nivel de curiosidad que iría creciendo en los años siguientes entre quienes lo
rodeaban, conocedores sólo de modo superficial la circunstancia el provenir de
una familia de excelente condición económica, cimentada por la actividad de su
padre como gerente de una sociedad comercial de la cual no aportaba mayores
antecedentes.
Nunca una referencia
específica a sus padres y demás familiares, nunca un comentario que los
involucrara y, en especial, un rechazo categórico lindando en la aspereza ante
cualquier atisbo de inquirir detalles sobre tales aspectos de su vida privada,
cuestión que pronto desembocaría en el respeto absoluto hacia ese aspecto de su
personalidad.
Así, al amparo de esos
parámetros y características personales se desarrolló su exitoso tránsito por
las aulas superiores, constituyéndose con indisimulado orgullo en uno de los
primeros egresados de su generación en acceder al ansiado título.
Corolario de lo anterior no fue
otro que ascender desde su condición de procurador del importante organismo público
al que había ingresado a mitad de sus estudios, a la de abogado del mismo con
la considerable mejora salarial. Ello, sumado a su incorporación a un
importante staff jurídico, vino a agregar a su ya considerable autoestima la
capacidad económica que lo impulsó a hacer ostentación de ella a través del periódico
recambio de automóviles de alta gama y de constantes y bien acompañados viajes a
centros turísticos extranjeros de máxima connotación.
Su juventud no le impidió
pasar muy luego a formar parte de exclusivos clubes y círculos sociales de la
ciudad, aumentando entre sus cercanos la consideración con que había sido
distinguido gracias a la difusión por boca propia y terceros de su entorno, de
los logros que paso a paso iba obteniendo en su ejercicio profesional.
Sin perjuicio de la amplitud
de sus contactos mantuvo una férrea relación con amigos y condiscípulos de su
época estudiantil, quienes a esas alturas se habían acostumbrado a su especial
sentido de privacidad.
El repentino fallecimiento del
padre a causa de un infarto cardiaco fulminante vino a ensombrecer en esos
momentos su brillante tránsito vital, dolorosa circunstancia que llegó a
conocimiento de sus cercanos, amigos y colegas, por desconocidos medios ajenos
a su iniciativa, quienes lograron hacerse presente en la ceremonia fúnebre como
una muestra de su incondicional apoyo solidario.
Concluida la ceremonia, se
convertiría en un comentario obligado en tono de sordina entre esa distinguida
concurrencia, la unánime sorpresa experimentada por todos al constatar la ubicación
principal a los pies del féretro colmado de arreglos florales, de una imponente
corona de hermosas y multicolores flores de una organización que, resaltando el
dolor por su invaluable pérdida, rendía el sentido homenaje de sus miembros al
insigne líder y tenaz luchador social fallecido, quién fuera en vida el
inolvidable fundador y eterno presidente del sindicato único de feriantes de esa
querida ciudad puerto.
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