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viernes, 8 de mayo de 2026

 

                                     Flores

                            Alex Álvarez López

 

Al oír su nombre llamado al estrado de la Excelentísima Corte Suprema en sesión solemne para recibir junto a otros licenciados el ansiado título de abogado, un estremecimiento hizo presa por un instante de cada una de sus fibras corporales. Tan memorable circunstancia constituía un punto de inflexión en su joven vida, a partir del cual vislumbraba un auspicioso futuro en el campo de las leyes, viniendo a concretar una larga aspiración de años.

No pasaría inadvertido el hecho de que, a excepción de los muchos partícipes de tan solemne ceremonia, se hiciera presente en solitario sin contar con la presencia de algunos de sus parientes más cercanos, lo que justificaría entre sus próximos por el advenimiento de una circunstancia de fuerza mayor.

Reconocido como alumno brillante durante toda su carrera, poseía además ciertos atributos que le habían otorgado cierta popularidad contando con una alta consideración entre sus compañeros: sus dotes de futbolista avezado, su porte y guapeza física, especialmente reconocida y admirada por las jóvenes, y una cuota de simpatía no exenta de cierto aire de distante superioridad.

Participaba con entusiasmo de cuanta actividad social, deportiva o cultural se desarrollaba en el ámbito de su escuela de derecho, como, también, manifestaba un claro interés por los avatares políticos en que se desenvolvía en esos tiempos la actividad universitaria, con una clara tendencia hacia los valores que enarbolaban los sectores más conservadores.

No obstante esas características que denotaban transparencia, atesoraba con celo manifiesto toda información concerniente a su intimidad personal y familiar, lo que generaba un nivel de curiosidad que iría creciendo en los años siguientes entre quienes lo rodeaban, conocedores sólo de modo superficial la circunstancia el provenir de una familia de excelente condición económica, cimentada por la actividad de su padre como gerente de una sociedad comercial de la cual no aportaba mayores antecedentes.

Nunca una referencia específica a sus padres y demás familiares, nunca un comentario que los involucrara y, en especial, un rechazo categórico lindando en la aspereza ante cualquier atisbo de inquirir detalles sobre tales aspectos de su vida privada, cuestión que pronto desembocaría en el respeto absoluto hacia ese aspecto de su personalidad.

Así, al amparo de esos parámetros y características personales se desarrolló su exitoso tránsito por las aulas superiores, constituyéndose con indisimulado orgullo en uno de los primeros egresados de su generación en acceder al ansiado título.

Corolario de lo anterior no fue otro que ascender desde su condición de procurador del importante organismo público al que había ingresado a mitad de sus estudios, a la de abogado del mismo con la considerable mejora salarial. Ello, sumado a su incorporación a un importante staff jurídico, vino a agregar a su ya considerable autoestima la capacidad económica que lo impulsó a hacer ostentación de ella a través del periódico recambio de automóviles de alta gama y de constantes y bien acompañados viajes a centros turísticos extranjeros de máxima connotación.

Su juventud no le impidió pasar muy luego a formar parte de exclusivos clubes y círculos sociales de la ciudad, aumentando entre sus cercanos la consideración con que había sido distinguido gracias a la difusión por boca propia y terceros de su entorno, de los logros que paso a paso iba obteniendo en su ejercicio profesional.

Sin perjuicio de la amplitud de sus contactos mantuvo una férrea relación con amigos y condiscípulos de su época estudiantil, quienes a esas alturas se habían acostumbrado a su especial sentido de privacidad.

El repentino fallecimiento del padre a causa de un infarto cardiaco fulminante vino a ensombrecer en esos momentos su brillante tránsito vital, dolorosa circunstancia que llegó a conocimiento de sus cercanos, amigos y colegas, por desconocidos medios ajenos a su iniciativa, quienes lograron hacerse presente en la ceremonia fúnebre como una muestra de su incondicional apoyo solidario.

Concluida la ceremonia, se convertiría en un comentario obligado en tono de sordina entre esa distinguida concurrencia, la unánime sorpresa experimentada por todos al constatar la ubicación principal a los pies del féretro colmado de arreglos florales, de una imponente corona de hermosas y multicolores flores de una organización que, resaltando el dolor por su invaluable pérdida, rendía el sentido homenaje de sus miembros al insigne líder y tenaz luchador social fallecido, quién fuera en vida el inolvidable fundador y eterno presidente del sindicato único de feriantes de esa querida ciudad puerto.

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